lunes, 29 de octubre de 2012

LAS PRIMERAS HUELLAS FEMENINAS


Un estudio indica que el 75% de las impresiones de manos frecuentes en el arte rupestre pertenece a mujeres






Las impresiones están en todos los continentes y se realizaron de una forma similar durante miles de años desde la aparición de los humanos modernos. 
Manos grandes y pequeñas, esbeltas y toscas, aisladas o en grupo. 
Gente de todas las edades participaba en el rito, cualquiera que fuese. Apoyaban la palma contra la pared de la cueva y soplaban sobre ella el pigmento. Miles de años después, sus compañeros de especie se devanarían los sesos tratando de entender el significado de aquel código para el que no hay piedra Rosetta.


Ahora, Dean R. Snow, un investigador de la Universidad del Estado de Pensilvania (EEUU), asegura que ha logrado despejar una de las incógnitas que han ocupado a los estudiosos de las pinturas rupestres durante el último siglo. 

Después de analizar varias imágenes de manos del Pleistoceno, Snow ha concluido que un gran número de esas impresiones fue realizado por mujeres. Este dato, de confirmarse, proporcionaría información sobre el rol social femenino durante la prehistoria y acabaría con el prejuicio (más presente en la cultura popular que entre los estudiosos) de que los hombres eran los protagonistas del arte de las cavernas.

"En las cuevas que he estudiado, en torno al 75% de las manos pertenecían a mujeres", apunta el arqueólogo estadounidense. Aunque por el momento no ha realizado una reflexión profunda sobre el significado de esta mayoría femenina, Snow cree que al menos el dato parece sugerir "un cierto igualitarismo en aquellas sociedades".

Para distinguir las huellas de hombres y mujeres, Snow, que aún no ha publicado sus resultados en una revista científica, empleó un sistema basado en una teoría del psicólogo John Manning. Según él, sería posible distinguir un hombre de una mujer comparando las relaciones de tamaño entre sus dedos índice y anular: las mujeres suelen tener ambos dedos de la misma longitud, mientras los hombres, de media, tienen más largo el anular.

Apoyándose en la hipótesis de Manning, Snow tomó medidas a un grupo de descendientes de europeos como referencia -las diferencias entre distintos grupos étnicos son aún superiores a las que existen entre hombres y mujeres de la misma etnia- y comparó sus resultados con las imágenes de manos tomadas en varias cuevas europeas.


Las conclusiones de Snow serían muy relevantes para el análisis de las pinturas del Pleistoceno y las sociedades que las produjeron. Sin embargo, no todos los expertos son tan optimistas sobre la fiabilidad de sus resultados. "En todas las cuevas hay manos de todos los tamaños y la variabilidad es tal, que no ha sido posible llegar a una conclusión definitiva. Se han realizado estudios y no se han obtenido resultados sólidos", afirma José Antonio Lasheras, director del Museo de Altamira. "A falta de ver el estudio publicado, me despierta dudas bastante serias", añade.

En cualquier caso, Lasheras cree que no hay motivos para creer que las sociedades prehistóricas fuesen machistas ni que los artistas detrás del arte rupestre tengan que ser todos hombres.
 "La segregación por género o el machismo son relativamente recientes", asevera, "y que nosotros hayamos llegado a minusvalorar algunas actividades que realizan las mujeres no significa que esto haya sido siempre así". "La caza mayor, por ejemplo, era cosa de hombres, pero la aportación al grupo de las mujeres a través de la recolección era aún más importante", concluye.


Sergio Ripoll, profesor de Prehistoria de la UNED, ve potencial en la técnica empleada por Snow, aunque cuestiona algunos aspectos de su forma de trabajar, en particular en el estudio preliminar de 2006 en el que se basa el que ahora ultima el estadounidense. Ripoll fue uno de los expertos que dio su opinión a Antiquity, la revista que lo publicó. "La teoría de Manning parece ser válida, pero en aquel estudio inicial, Snow utilizaba unas fotografías de una calidad muy baja, descargadas de Internet, sin escalas... Para hacer bien este estudio sería necesario fotografiar todas las manos con la misma escala, a la misma distancia, y comparar el mayor número posible", explica.

El propio Ripoll ha puesto a prueba la teoría de Manning y, al menos entre un grupo de alumnos de la UNED, funciona. "Manning tiene otras teorías, como la que relaciona la longitud del dedo anular y la homosexualidad o el cáncer de mama que parecen poco verosímiles, pero con el sexo parece que puede ser útil", indica.

Desde que se comenzaron a estudiar las pinturas rupestres hace algo más de un siglo, las incógnitas sobre su significado y sus autores se han acumulado. "En las cuevas de Maltravieso [Cáceres], a las manos siempre les falta el dedo meñique. Y no es que faltase, es que lo volvieron a pintar después para ocultarlo. ¿Por qué? No se sabe. En otros sitios se repliegan algunos dedos, pero siempre aparece la primera falange. Posiblemente se trata de un código, pero no somos capaces de entenderlo", explica Ripoll.

La presencia de una mayoría de manos femeninas podría sugerir algo sobre el código, pero muchos científicos dudan de las conclusiones firmes. "Se suele decir que la mujer tenía una presencia importante por las venus, esas tallas de mujeres abundantes que se han encontrado y podían indicar un papel importante de la mujer en la sociedad", explica Marcos García, coordinador de Cuevas Prehistóricas de Cantabria.

"El problema es que todas las teorías pueden llegar a ser válidas", añade. "Hay, por ejemplo, una venus checa en la que se han encontrado huellas dactilares y se ha podido determinar que eran de niño. El problema entonces es saber si el niño fue quien la hizo o quien la utilizó, si era un juguete, o si era un elemento de un rito...".

Arte feminista.

En Chongoni, Malawi, los Chewa pintaron sobre las rocas con técnicas tradicionales hasta bien entrado el siglo XX y han dejado uno de los vestigios más feministas del arte primitivo. "Ese es el único caso conocido de arte rupestre relacionado con ritos con mujeres", apunta Lasheras. El estudio de Snow dibuja un mundo prehistórico en el que las mujeres tenían una presencia mayoritaria en parte del arte rupestre. Confirmar este dato será complicado; desentrañar su significado puede que nunca sea posible.

Autorretratos de Rembrandt


Pocos artistas han mostrado tanto interés por pintarse a sí mismos como Rembrandt (1606-1669). Se conocen de él casi noventa autorretratos, entre óleos, grabados y dibujos. Esta cifra supera con creces a la alcanzada por otros grandes pintores que también cultivaron en abundancia el mismo género (como Van Gogh o Picasso). Pero, ¿cuáles fueron las razones que llevaron al pintor holandés a iniciar esta tendencia cuando contaba sólo veinte años de edad y a no abandonarla ya hasta el año de su muerte?

Rembrandt van Rijn: "Autorretrato con atuendo oriental" (1631). París.

La respuesta a esa pregunta no es sencilla y probablemente, tras esta abundancia de autorretratos, se encuentren razones diversas, que el propio artista nunca reveló. De una parte, tendríamos que considerar la importancia que el género del retrato de personajes tenía en la época barroca y, más aún, en la Holanda del siglo XVII. En este sentido, es posible que el pintor practicase sobre sí mismo un tipo de obra que luego la clientela demandaba con frecuencia, contando con que en este caso el modelo le salía completamente gratis. Todo ello, sin que olvidemos que retratarse en aquella época era un signo evidente de éxito social. Quizás el propio Rembrandt quisiese con estas obras mostrar a los demás sus propios triunfos.


Pero, de otra parte, se ha considerado la posibilidad de que el artista holandés emplease el autorretrato como un medio para ir dejando sobre él una especie de diario personal, en este caso de carácter visual, que diese cuenta de su evolución como individuo y que, al mismo tiempo y desde un punto de vista psicológico, le facilitase una seria reflexión sobre su propia personalidad. Desde este punto de vista, estas obras de Rembrandt serían su respuesta a la pregunta ¿quién soy yo? Desde luego, el interés por lo psicológico está bien presente en estas obras magistrales, aunque esta afirmación podría extenderse al conjunto de la obra de Rembrandt.Rembrandt van Rijn: "Autorretrato" (1641). Pasadena.


En fin, tras estas obras del genio holandés puede haber razones diversas, pero el caso el que el pjntor nos presenta en ellas los clarosocuros de su propia vida: desde el joven altanero y exquisito


de sus primeros años como artista hasta el anciano al que el tiempo atrapa, tras
 atravesar numerosas adversidades en su vida personal y familiar; pasando por el artista maduro que muestra una gran seguridad en sí mismo. Una de las más conocidas obras de Rembrandt es la "lección de anatomía". En éstas obras, en cambio, nos dio numerosas lecciones sobre él mismo. Lección de vida.
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Rembrandt van Rijn: "Autorretrato" (1645).

Sobre los autorretratos de Rembrandt podéis leer (en inglés) la amplia información que se presenta en Rembrandt by himself. También en inglés hay datos interesantes e imágenes enesta web. Además, en esta página dedicada por completo al pintor de Leiden disponéis de fichas e imágenes de un buen número de autorretratos. De algunos de ellos hay en español, en esta página, interesantes descripciones pormenorizadas. Para concluir, os dejo esta presentación con una amplia selección de este Rembrandt "visto por sí mismo". La música de fondo es de laorquesta Baobab. Una interesante combinación.

sábado, 5 de mayo de 2012

La ronda de noche de Rembrant



 


Nombre: La ronda de noche

Autor: Rembrandt Harmenszoon van Rijn

Fecha: 1642

Técnica: Óleo sobre lienzo

Medidas: 363 x 437 cm.

Ubicación: Rijksmuseum, Ámsterdam







Rembrandt Harmenszoon van Rijn (1606-1669), es el pintor holandés más celebre del Siglo de Oro. Su producción artística fue muy extensa, se conocen unos cuatrocientos cuadros, casi trescientos grabados y una buena cantidad de dibujos. Pero en este estudio nos centraremos en el que quizás es el más celebre de toda su producción, La ronda de noche.

 


Esta obra que vamos a analizar puede considerarse la obra cumbre del pintor holandés Rembrandt y la más célebre de la escuela holandesa.




El nombre del cuadro data del siglo XIX, y no es el adecuado, puesto que la escena se desarrollaba, a pleno sol. El origen de este título surge de una equivocación de interpretación debido a que, en esa época, el cuadro estaba tan deteriorado y oscurecido por la oxidación del barniz y la suciedad acumulada, por lo que parecía una escena nocturna. Después de su restauración en 1947 y a pesar de seguir llamándole La ronda de noche, se sabe que es una escena diurna. Pero su verdadero título es: La compañía militar del capitán Frans Banning Cocq y el teniente Willen van Ruytenburg.




Fue encargado a Rembrandt para decorar la sala principal de la sede de la Milicia Cívica de Ámsterdam. En 1715 el lienzo fue trasladado a la sala del Consejo de Guerra del Ayuntamiento de Ámsterdam, debido al espacio limitado del lugar donde iba a ser colocado, el cuadro fue recortado [Nota 1]. Por último en 1817 La Ronda de Noche se trasladó definitivamente al Rijksmuseum Ámsterdam.




Se trata de un retrato colectivo de la compañía de la guardia cívica de Amsterdam, la del capitán Frans Baning Cocq, que aparece en el centro de la escena junto a su lugarteniente, Van Ruytenburgh. Este tipo de cuadros eran muy frecuentes en Holanda, y los costeaban los miembros del grupo o corporación representado, que deseaban figurar en el lienzo, con sus rasgos individuales, y en el tono realista y burgués, de origen protestante, característico de la pintura holandesa del siglo XVII.




 




Su tema no era, en principio, innovador y sí acorde con los gustos tradicionales de la pintura holandesa. Paradójicamente, sin embargo, Rembrandt rompe decididamente en La ronda de noche con el estilo tradicional de su escuela, para ofrecer al espectador una escena cargada de tensión dramática y de hondos significados. Un lienzo heroico y grandioso, en la línea de la gran tradición pictórica europea, católica y mediterránea, con la que precisamente habían roto los pintores holandeses.




Rembrandt ha representado a la guardia cívica a la salida de un palacio con columnas, al pie de una escalinata, y en el momento que precede a la formación y puesta en marcha del grupo, cuando sus componentes llevan a cabo los últimos preparativos de armas y pertrechos y se disponen a atender las órdenes del jefe. El ambiente está cargado de tensión. Algo está ocurriendo y algo grave sin duda, va a ocurrir. Lo que Rembrandt representa sólo en teoría es una acción de carácter festivo, puesto que ha querido rodearla, de un hálito poético y de una dimensión dramática inusitada en la pintura holandesa. Todos los elementos del cuadro coadyuvan en ese sentido. La composición no es estática, sino dinámica, llena de impulsos, de direcciones y líneas de fuerza cuidadosamente compensadas. Los personajes no aparecen aislados sino sometidos en sus actitudes y en la conformación de sus figuras, a la acción conjunta. Rembrandt los ha revestido con una indumentaria abigarrada y exótica, ajena a la época, y sus rasgos son en muchos casos difícilmente reconocibles. Todos se subordenan ante los jefes que aparecen en primer término.




La composición de la obra es muy compleja, aparentemente desordenada. Resalta a primera vista que Rembrandt de mayor importancia al desarrollo de la acción que a la fiel realización de retratos de los personajes que aparecen. Presenta al grupo de forma espontánea y libre, captado en un instante, como si se tratase de una fotografía. Hay una gran animación, cada personaje realiza actos distintos, en las más variadas actitudes y posturas, con movimiento vivo. El centro de la composición lo forman el capitán y el teniente, organizándose el resto en grupos triangulares, con un movimiento curvo. Unas figuras son muy visibles, pero otras desaparecen en la penumbra y sólo vemos sus cabezas. Los personajes están colocados en cuatro planos de profundidad; existen multitud de líneas, con predominio de las diagonales y el zig- zag para dar dinamismo.

 



El uso que Rembrandt hace de la luz, envolviendo la escena en una espesa penumbra en la que destacan, enormemente iluminados, los personajes elegidos por él con independencia de cualquier foco aparente, la dirige sin tener en cuenta las leyes de la física, es otro de los variados recursos empleados por el artista para acentuar el dinamismo y la dimensión dramática, conmovedora, de la escena. Se sirve de la luz para articular la composición, para equilibrarla y darle ese lirismo que cautiva al espectador.

En esta obra el color no ocupa un papel secundario, es muy rico, lleno de contrastes y matices. Sobre un fondo gris verdoso o pardusco se ven vibrar discretamente, o afirmarse con decisión, azules claros, verdes oliva, castaños dorados, negros y rojos. Destacan el brillante amarillo del traje del teniente, con un fajín rojo anaranjado, frente al negro del traje del capitán en el centro del cuadro. Predominan los tonos cálidos, dorados. El color ha sido aplicado con pinceladas anchas, espontáneas y pastosas en algunos lugares, mientras que en otros se observan pequeños y finos trazos.

El barroco fue una época de alegorías y emblemas. En esta obra se observan estas dos características. La figura femenina que aparece destacada, no se encuentra en penumbra y las sombras no la tocan. Parece una niña, por su tamaño y los ropajes, pero por el lugar donde se encuentra, se podría tratarse de una de las vivanderas adultas que acompañaban al ejército para hacerles compañía (esta forma de representar puede que sea por la costumbre medieval de retratar a los personajes secundarios más pequeños que los protagonistas). Sin embargo los elementos que porta bien podrían ser una alusión a los elementos del escudo de los Clovenieres (guardia cívica): la gallina que cuelga del cinturón, en el escudo aparecen un mosquete y unas garras en cruz (clover en holandés significa arma y garra); lleva un saquito, como el que llevan los soldados para la pólvora; los colores del traje, también guardan relación con los colores del escudo de esta milicia. Asimismo cabe otra posibilidad, y es que fuese una portaestandarte, por lo que si sería una niña, ya que los niños si eran utilizados para ello en los desfiles de las milicias.

    Ecce Homo, 1686-88, Catedral de Cádiz     Ecce Homo, 1686-88, Catedral de Cádiz   
           



La ronda de noche no agradó a los contemporáneos de Rembrandt, porque hería las convenciones de su gusto. Con ella comenzó el declinar de la carrera de su autor, que llegó a conocer la bancarrota. Pero su obra le ha sobrevivido a él y a sus detractores, y le sitúa, por encima de las contingencias y miserias de su época, en un puesto de honor en la historia universal de la pintura.